Discursos en la Crisis: The Artist y La Chispa de la Vida.

Don Draper termina la segunda temporada de Mad Men vendiendole a Kodak la “nostalgia” como elemento sustancial de su modelo de negocio. La fotografía que captura el pasado para rememorarlo. El pasado, por tanto, como lugar de consuelo ante las incertidumbres del presente.

The Artist, dirigida por Michel Hazanavicius, es una fotografía Kodak en movimiento para tiempos de crisis. Una película muda en la que el protagonista ve en la innovación tecnológica que supone el sonido una amenaza casi sobrenatural a la hegemonía de una cierta elegancia cinematográfica. El personaje de Jean Dujardin rechaza el sonoro por lo que tiene de novedad.

The Artist encarna el perfecto producto para el mainstream. Un giro barroco de la cultura poco problemática. Aquí “lo viejo” es el valor fundamental de la propuesta. Es impresionante como Hazanavicius se afana en su ejercicio de caligrafía, llegando a reproducir no solo la estética de las películas mudas, sino incluso las relaciones sociales que representaban (Paradigmático en el caso de la historia de amor) Lejos de las lecturas del cine posmoderno de los Coen (por poner un ejemplo) con “El Hombre que Nunca estuvo allí” dónde la estética clásica escondía un artefacto perverso, aquí se celebra la condición “A histórica” de la película. El fin de la historia que soñaba Francis Fukuyama convertido en relato.

La sartenada de premios, buenas críticas, etc y su lanzamiento como favorita para los Oscars nos devuelven un panorama que vendría a resumirse en que el clasicismo es el soporto de las nuevas forma de narración reaccionaria. Y ahí está el biopic de Margaret Thatcher para dar buena cuenta del momento histórico.

The Artist viene a ser el reverso edulcorado de la “La Chispa de la Vida”. La última película de Alex de la Iglesia no podría estar más anclada en el presente. Un espectáculo en que los poderes inmóviles de la sociedad (Los medios de comunicación, la política institucional, el dinero, la cultura) tiene capacidad de movimiento en torno a un ser inmovilizado y solo liberado por la capacidad de su mujer para no abandonarse al cinismo y recoger la dignidad colectiva. Es decir, recuperar la capacidad para moverse y salir del teatro.

La chispa de la vida es una película de trazo grueso, caricaturesca hasta rozar la abstracción. No es sutil, sino explícita. Hay momentos en los que da sensación de velocidad e improvisación, de acabado uniendo partes de otras formas narrativas ajenas del cine de Alex de la Iglesia.

La película es, en fin, un monstruo, un collaje. Un graffiti, un sms dónde las “ces” están escritas con K y hay muchos emoticonos. No se me ocurre mejor aproximación a un presente dónde las verdades evidentes pretenden delimitar el horizonte de lo posible… Pero también el lugar desde el que muchos huyen, escapan, recuperan la dignidad colectiva… Aunque solo sea proponiéndole a un hombre con un hierro en la cabeza bajarle una tortilla para que pueda cenar.

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