Open Windows: Las redes se hacen película.

El cine de Nacho Vigalondo es como los ogros o los buenos pasteles: tiene capas.

Si en los Cronocrimenes disfrazó de viajes en el tiempo una historia sobre crisis de la masculinidad y la domesticación del deseo y en Extratarrestre construyó la mas esquiva de las “comedias madrileñas” para hablar del fin de la épica en tiempos de crisis, en Open Windows construye un complejo thriller aparentemente lineal no solo para reflexionar sobre la obsesión por la mirada en la época de las redes, sino para hacer a las propias redes objeto filmado.

Open Windows transcurre en la superficie digital de la pantalla de un portátil. A través de un juego virtuoso y eficaz de control de la atención compartimos la historia de un mirón enfrentado a su otro perverso y a su propio objeto de deseo: una actriz zarandeada por la sobreexposición mediática y digital. Con esa juego de partida Vigalondo (guionista también de la película) empieza a construir una historia llena de giros y mas giros que termina por rebelarse como antropología digital de la buena.

Si una película de corte moral nos hubiera dado una y solo una respuesta sobre la naturaleza profunda de la red, Open Windows nos ofrece variadas posibilidades: la red como espacio de espionaje y control. La red como lugar de construir de nuevas mitologías urbanas (impagable el grupo de hackers franceses representando como nadie otra de las mejores patologías digitales: la constante y muy entusiasta confusión) La red como espacio de proyección del deseo. La relación entre deseo de la red y deseo material como el paso del cielo virtual a la pesadilla de la carne. La red como fantasía de la peor forma de masculinidad-troll. La red como espacio de refugio y lugar de acceso a objetos de consumo infinitos y finalmente la red como espacio de la múltiple identidad y, con ella, del anonimato.

El mayor salto mortal de la película no es el paso de una narrativa de la concreción a una casi experimental forma de abstracción del yo como múltiples capas proyectadas contra la realidad sino el momento en el que se nos hace concreta la metáfora de la red como lugar de la copia. Quizás la imagen mas divertida y desconcertante de ese audiovisual que en los últimos años ha intentado agarrar el presente.

Y como en las mejores pasteles, si todo eso no te interesa es un thriller lleno de vueltas, ritmo y fantasía psicosexual.

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